Hoy es un día que recuerdo con dolor, por las circunstancias que rodean en torno a la Semana Santa, incluso diría yo me niego a ser la culpable de la penitencia que mi madre se impuso por mí.
Recuerdo con mucha claridad, tenía siete años, el relato que voy a contar parece de cuentos de terror pero juto fué verdadero, y más adelante cuando se tuvo conocimientos de ello, la Protección de Menores que era quien tutelaba el colegio donde yo estaba internada tomó cartas en el asunto.
Hay una parte de lo pasado que no me arrepiento y volvería a repetir.Con siete años, ya reivindicaba mis derechos, en muchas ocasiones de mi vida han servido, en los tiempos que corren, es como silvar en el viento.
Como he citado, estaba internada, formaba parte de ese colectivo donde los padres se separan y terminan pagando los hijos.
Un día me pusieron de menú "judias pintas", al parecer yo odiaba ese plato, aún puedo percibir la aroma cuando hablo de ellas, que por otra parte a muchas personas lesgustan.Así que me negué en rotundo a comerlas,una de las "religiosas", Sor Marta que era la superiora, ordenó a la monja que había en el comedor me obligara o castigara si no las comía.
Cena,comida del día siguiente,y asi cada día hasta que las mismas judias bailaban solas en el plato con la peste que ya tiraba "el menú".Me las hicieron tragar con "duendes" y yo las eliminé a la brava.
Ese día había muerto Sor Gertrudis, fea con ganas no tanto por su belleza o no, sino que tenía secuelas en la cara por según decían,había sido de metralla que recibió en la guerra.
Si en vida no se podía mirar sin asustarse de ella, imaginaros como podía estar en la sacristía con cuatro velones duranta la noche que me hicieron pasar con ella por lo sucedido en el comedor.
Jamás podré olvidarlo,sólo tenía siete años, como podeis ver en la foto, estoy en el Hospital de San Pablo en Barcelona, Sala San Federico, hoy denominado Sant Pau, y Sant Frederic.
LLegué sumamente grave, en aquellos momentos no había penicilina que la precisaba urgentemente trás haber sido sometida a una operación de "peritonitis grave", el resultado de las sudicha comida.
No había penicilina, es decir, no para los pobres, y como yo estaba en un internado tutelar, obviamente para mí, menos. Un médico que la verdad no recuerdo su nombre pero si el color de su piel negra, salió como yo respondón y se encaró con la religiosa de la sala y ordenó me trajera de inmediato la penicilina , ¡"Busque la que les entregan y sino anuncien por radio urgente" Así fué, Radio Barcelona creo recordar se llamaba por esos momentos,se preocupó y yo salve la vida.
Mi madre que entonces me cuidé de informarle de todo lo que nos hacían en el colegio porque antes no podía ,eramos vigiladas en la hora de la visita que sólo era un ratito al mes, se movió y despues ya fué cuando inauguré el castillo, pero eso es más adelante.Les cerraron el colegio y fuimos a destinos distintos.
Entonces mi madre prometió al Cristo de Lepanto en la Catedral de Barcelona, (entonces no te hacían pagar por ver al Señor), que si yo me curaba, iría arrástrándose en Vía Crucis, todos los Viernes a las tres de la tarde, que al parecer es cuando se celebra ese encuentro.
Cuando crecí, ya procuré que mi madre no se arrastrara, y le convencí que fuera a verle, si, pero rezando , que el Señor agradecería igual su plegaría.
Ella no está, pero los rezos al Santo Cristo de Lepanto siempre los tendrá sin necesidad de todo lo que hacía ella, que el Señor está en todas partes, y sabe escuchar a los que le hablan con la suficiente Fé.
Dicen que la Fé, mueve montañas, y yo estoy convencida de ello.
OPINANDO EN LIBERTAD
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