El 'Alakrana' desquicia al Gobierno y deja muy tocadas a De la Vega y Chacón
El caso Alakrana no sólo ha puesto al descubierto las numeros
Las contradicciones y errores cometidos por el Gobierno en la gestión de la crisis, que en ocasiones le han dejado al borde del ridículo. El secuestro también ha sembrado el desánimo entre muchos dirigentes socialistas, desconcertados por la desidia de un José Luis Rodríguez Zapatero que ha estado prácticamente desaparecido, el soterrado enfrentamiento entre María Teresa Fernández de la Vega y Carme Chacón, y la imagen recurrente de un Ejecutivo cuyos miembros se pasaban unos a otros la patata caliente del secuestro del atunero.
El episodio del supuesto traslado a tierra por los piratas de tres tripulantes del Alakrana, a los que amenzaron con matar si no se atendían sus exigencias, ilustra a la perfección la esquizofrenia del Gobierno y los graves fallos de coordinación y comunicación que han salpicado los casi 50 días de secuestro. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, admitió ayer que los piratas somalíes "engañaron" al Ejecutivo cuando aseguraron que habían desembarcado a los pescadores, y añadió que éstos, en realidad, permanecieron "siempre" a bordo del atunero, "escondidos en un camarote". Sus palabras dejaron en muy mal lugar a Chacón, que la semana pasada dijo con rotundidad que sabía "exactamente", gracias a los informes de los servicios de Inteligencia, el lugar al que habían sido trasladados los tres tripulantes, y que todos se encontraban "bien".
Para añadir aún más confusión, el general José Julio Rodríguez, jefe del Estado Mayor de la Defensa y mano derecha de Chacón, enmendó ayer la plana a Moratinos y, además de arrojar más incertidumbre sobre ese oscuro episodio, le cargó el muerto al Centro Nacional de Inteligencia que dirige Félix Sanz Roldán. "Esa información se recibió de los servicios de inteligencia; esa información es que pudieron bajar, aunque después tuvieron datos de que estaban dentro", señaló Rodríguez, que no aclaró por completo el asunto. Sí lo hizo, unas horas más tarde, el capitán del atunero, Iker Galbarriatu, que aseguró que "ningún marinero" abandonó jamás el pesquero.
Galbarriatu también explicó que la Armada no atacó el pasado martes el esquife en el que huyeron del Alakrana los cinco últimos piratas, como había asegurado el general Rodríguez. Éste dijo ayer que un helicóptero de la Armada -cuyas fragatas se mantuvieron en todo momento a más de 15 millas de distancia del escenario del secuestro- abrió fuego primero sobre la proa y a continuación sobre la popa de la embarcación pirata para interceptarla, sin lograr su objetivo. Pero el capitán del pesquero liberado aseguró que "no hubo disparos por parte del Ejército español". Una versión igualmente corroborada por el patrón del buque, Ricardo Blach: "No ha habido disparos. No es la primera vez que se me pregunta, y lo he negado".
De la Vega agota su crédito
El secuestro del Alakrana ha logrado imponerse a la economía en la agenda política, convirtiéndose de forma inesperada en un elemento letal para la imagen del Gobierno y agotando buena parte del crédito que conservaba De la Vega. Pese a que los tripulantes del atunero se dirigen sanos y salvos hacia las islas Seychelles, el Ejecutivo ha sido incapaz de comunicar como un éxito la liberación. Además, la oposición ha encontrado, sin perseguirlo, una nueva oportunidad para poner contra las cuerdas no sólo a la vicepresidenta y a Chacón, sino también a Moratinos y al ministro de Justicia, Francisco Caamaño.
Las contradicciones y errores cometidos por el Gobierno en la gestión de la crisis, que en ocasiones le han dejado al borde del ridículo. El secuestro también ha sembrado el desánimo entre muchos dirigentes socialistas, desconcertados por la desidia de un José Luis Rodríguez Zapatero que ha estado prácticamente desaparecido, el soterrado enfrentamiento entre María Teresa Fernández de la Vega y Carme Chacón, y la imagen recurrente de un Ejecutivo cuyos miembros se pasaban unos a otros la patata caliente del secuestro del atunero.
El episodio del supuesto traslado a tierra por los piratas de tres tripulantes del Alakrana, a los que amenzaron con matar si no se atendían sus exigencias, ilustra a la perfección la esquizofrenia del Gobierno y los graves fallos de coordinación y comunicación que han salpicado los casi 50 días de secuestro. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, admitió ayer que los piratas somalíes "engañaron" al Ejecutivo cuando aseguraron que habían desembarcado a los pescadores, y añadió que éstos, en realidad, permanecieron "siempre" a bordo del atunero, "escondidos en un camarote". Sus palabras dejaron en muy mal lugar a Chacón, que la semana pasada dijo con rotundidad que sabía "exactamente", gracias a los informes de los servicios de Inteligencia, el lugar al que habían sido trasladados los tres tripulantes, y que todos se encontraban "bien".
Para añadir aún más confusión, el general José Julio Rodríguez, jefe del Estado Mayor de la Defensa y mano derecha de Chacón, enmendó ayer la plana a Moratinos y, además de arrojar más incertidumbre sobre ese oscuro episodio, le cargó el muerto al Centro Nacional de Inteligencia que dirige Félix Sanz Roldán. "Esa información se recibió de los servicios de inteligencia; esa información es que pudieron bajar, aunque después tuvieron datos de que estaban dentro", señaló Rodríguez, que no aclaró por completo el asunto. Sí lo hizo, unas horas más tarde, el capitán del atunero, Iker Galbarriatu, que aseguró que "ningún marinero" abandonó jamás el pesquero.
Galbarriatu también explicó que la Armada no atacó el pasado martes el esquife en el que huyeron del Alakrana los cinco últimos piratas, como había asegurado el general Rodríguez. Éste dijo ayer que un helicóptero de la Armada -cuyas fragatas se mantuvieron en todo momento a más de 15 millas de distancia del escenario del secuestro- abrió fuego primero sobre la proa y a continuación sobre la popa de la embarcación pirata para interceptarla, sin lograr su objetivo. Pero el capitán del pesquero liberado aseguró que "no hubo disparos por parte del Ejército español". Una versión igualmente corroborada por el patrón del buque, Ricardo Blach: "No ha habido disparos. No es la primera vez que se me pregunta, y lo he negado".
De la Vega agota su crédito
El secuestro del Alakrana ha logrado imponerse a la economía en la agenda política, convirtiéndose de forma inesperada en un elemento letal para la imagen del Gobierno y agotando buena parte del crédito que conservaba De la Vega. Pese a que los tripulantes del atunero se dirigen sanos y salvos hacia las islas Seychelles, el Ejecutivo ha sido incapaz de comunicar como un éxito la liberación. Además, la oposición ha encontrado, sin perseguirlo, una nueva oportunidad para poner contra las cuerdas no sólo a la vicepresidenta y a Chacón, sino también a Moratinos y al ministro de Justicia, Francisco Caamaño.
En el caso de De la Vega -que ayer pareció perder los papeles, durante la sesión de control en el Congreso, al acusar al PP nada menos que de "ponerse al lado de los piratas"-, la erosión sufrida durante la crisis del atunero puede ser irreparable. Aunque fuentes conocedoras de la situación de desaliento y malestar interno del Gobierno descartan cualquier cese o relevo, su figura ha quedado "muy tocada" ante la opinión pública y sus colegas de Gabinete. La proximidad de la presidencia española de la UE y el hecho de que apenas hayan pasado siete meses desde la última remodelación hacen muy improbable que Zapatero aborde ahora una nueva crisis. Pero son varios los ministros que aseguran en privado no "soportar" a la vicepresidenta, cuyo enfrentamiento con Chacón a propósito de la detención y traslado a España de los piratas Abdu Willy y Raageggesey Adji ha sido público y notorio.
La acumulación de responsabilidades está jugando en contra de la vicepresidenta primera, mientras observa cómo la mayoría de los ministros sobreviven con escasas competencias y menor exposición mediática. De la Vega ha encadenado en los últimos meses la gestión de varios asuntos sensibles como la relación con el Tribunal Constitucional para supervisar la cocina del Estatut catalán, la Ley Audiovisual, el cambio en la financiación de RTVE que acabó con la salida de Luis Fernández o la dirección de la cuestionada comunicación gubernamental.
El caso Alakrana se sumó a su larga lista de cometidos, pero no fue capaz de anticipar su trascendencia hasta que los piratas amenazaron de muerte a los marineros y las familias dispararon sus críticas desesperadas contra el Ejecutivo. Desde ese momento, la labor del Gobierno se enmarañó en un cruce de acusaciones entre Defensa, Moncloa y la Audiencia Nacional al que la ciudadanía y el resto de partidos políticos asistieron atónitos. La vicepresidenta acabó asumiendo "toda la responsabilidad", pero ya era tarde para restañar una herida que ha llevado el desconsuelo a unas filas socialistas en horas bajas por el efecto de la crisis económica, la caída en picado de la popularidad de Zapatero y los pesimistas presagios de las encuestas.
Falta de coordinación
Uno de los episodios de mayor descoordinación entre los miembros del gabinete de crisis que ha gestionado el secuestro se produjo cuando Mariano Rajoy accedió a la petición de Zapatero para guardar silencio, es decir, cuando el Gobierno disponía de mayor tranquilidad para trabajar, sin el acoso de la oposición. No sirvió de nada. El coro de voces contradictorias continuó, así como el impúdico reconocimiento de que era el Ejecutivo quien negociaba directamente con los piratas el rescate y el posible canje de los 36 rehenes por los somalíes detenidos en España.
Un regalo imprevisto para el PP, que ha podido recuperar la iniciativa ofensiva pese al lastre del caso Gürtel. Hasta ahora, los populares habían centrado su estrategia de oposición en la economía y en las presuntas escuchas ilegales a responsables del partido. Sin embargo, Rajoy tuvo ayer la oportunidad de presentarse ante los periodistas para denunciar la "incompetencia" del Gobierno y exigir la reprobación en el Congreso de De la Vega, Chacón y Caamaño. Un nuevo frente para Zapatero, que contaba con distanciarse de los problemas domésticos gracias a su agenda exterior y la presidencia de la UE.
AGR***
--Si Mariano Rajoy abandonara en este momento el Partido Popular y formaran una comisión gestora donde estuviera Jose María Aznar, Maria San Gil, Rodrigo Rato y Jaime Mayor Oreja, eliminando a los díscolos que han estado en su lucha por el poder,haciendo más daño a su propio partido que los socialistas juntos, seguro recojen votos con la gorra y podrian llegar al poder sin siquiera necesitar de bisagrillas coaccionadoras.
Y ni que decir tiene conservar para la Comunidad de Madrid a Esperanza Aguirre, allí que ya tiene bastante y no parece lo está haciendo mal. Ya para las elecciones municipales pueden estar preparando nuevo alcalde , ha tenido tiempo suficiente para demostrar es el más derrochador de la historia, si no tiene capacidad para asumir su responsabilidad y de ello ha dado sobrada muestra, mejor deje la política que flaco favor le está haciendo al partio que dice defender.
En cuanto al problema que tienen el desgobierno, ya no hace falta más leña, por sí solo se desmoronan las piezas, y por si fuera poco, la Comision Europea, le va rechazando propuestas y ves a saber si no les van a tener que devolver lo fondos recaudados que parece ser, no han ido a parar a buen destino.
Hola Angelina: Tan solo diré dos cosas con respecto a el escrito tan detallado que nos has dejado.
ResponderSuprimirMe resulta patético
Me resulta vergonzoso.
Pero asi están las cosas por desgracia para muchos. No se hasta cuando durará tanta indignación...Un saludo